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Categoría: Tashkent
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Tashkent

2 de julio de 2015

Dejar Samarcanda no fue fácil, pero teníamos que hacerlo. Nos quedaba todavía una última parada antes de volver a España: la capital de Uzbekistán, Tashkent.

yunus-rajabiy, metro de Tashkent, Uzbekistán
Parada de metro Yunus-Rajabiy en Tashkent. Foto tomada por Dmitriy Chistoprudov.

Ya comentamos aquí, que no hay manera de comprar los billetes de tren en España, a no ser que se haga a través de una agencia, así que fue de las primeras cosas que hicimos cuando estuvimos en Khiva. Tardan unas horas en expedir el billete, se paga en moneda local por adelantado, y hay que dejar el pasaporte.
No sabíamos si comprar el tren de alta velocidad (Afosiyab) o el Sharq, al que le cuesta una hora y media más hacer el trayecto. Con sólo 15 minutos de diferencia en la salida de los trenes (no hubiéramos podido estar más tiempo en Samarcanda) y sin ninguna prisa por llegar a Tashkent (llegar a las ocho o a las nueve y media de la noche tampoco marcaba mucha diferencia).

Tren Afrosiyob, estación de Samarcanda, Uzbekistán

Uzbekistán: plan

15 de marzo de 2015

Después de numerosas investigaciones ya tenemos casi todos los flecos del viaje atados.

Nuestra ruta consistirá en visitar tres ciudades Patrimonio de la humanidad: Khiva, Bukhara y Samarcanda, además de la capital del país: Tashkent. Dejaremos además dos días libres para improvisar allí: visitar el desierto o los alrededores de las ciudades de Bukhara y Samarcanda respectivamente.

Ruta prevista por Uzbekistán

El miércoles 1 de Abril viajamos en tren a Barcelona donde pasaremos la noche en casa de nuestro amigo Johannes y al día siguiente cogeremos el avión que llega a Uzbekistán en la madrugada del día 3. (Entre las escalas y los cambios de hora es un sin vivir... menos mal que el de vuelta se hace más corto...)

La primera ciudad que visitaremos será Khiva, combinando el vuelo internacional con uno nacional (esperemos que no sea un avión de hélices). Allí dormiremos en el Meros B&B que tiene muy buenas críticas tanto por la localización del establecimiento como por la familia que te acoge allí.

Detalle del techo en el Meros B&B